
Por Yesid Francisco Perea Mosquera
Hace varios meses escribí un artículo sobre el trabajo de los agentes de la policía, quienes, sin importar si hay brisa o calor, sol o lluvia, se los ve en patrullajes constantes, hombres y mujeres, de a pie o en motos, cumpliendo con su deber. No se puede negar que existen algunos cuyos procedimientos no van acordes con su misión y entonces se los castiga, inclusive con la cárcel; pero esta vez, queridos lectores, quiero referirme a una imagen de esas que no debieran darse en un país donde se respeta el estado de derecho y consecuentemente, a sus autoridades.
En la capital de Colombia se registraron unas imágenes en las cuales se ve a un individuo, no solo romper el espejo retrovisor de una patrulla de la Policía Nacional al requerírsele por, al parecer, haber infringido las normas de tránsito, sino que, cuando el Agente se baja del vehículo es recibido a golpes por ese energúmeno ciudadano quien, a todas muestras, es superior físicamente que el agente agredido.
Éste solo cubre su cabeza y cara con su brazo para evitar que le sigan golpeando, en una clara muestra de inferioridad física frente a las posibilidades del agresor; el agente agredido casi que le voltea la espalda al ciudadano aquel, en un gesto que suplicaba porque cesara la agresión. Estos hechos son de suma gravedad por cuanto parecieran significar que a las autoridades se les puede agredir, sin importar el respeto del cual se supone están investidos, pero que muchas personas pretenden desconocer, como acontece en el caso de las asonadas, no solo en contra de la policía sino también del Ejército Nacional.
Todo indica que el Agente agredido estaba siendo acompañado en la patrulla, por una oficial de esa institución, a decir de las insignias y el distintivo visible en su gorra institucional; sin embargo, esa oficial debió estar sumamente asustada por la forma agresiva en la que observó fue agredido su compañero; ese susto e impotencia se torna entendible porque, si su compañero fue vapuleado de esa manera, es de suponerse que a ella le hubiera ido peor y el miedo es humano.
Las disposiciones en materia de preservar los derechos humanos debieron pasar por la cabeza de estos servidores públicos, porque si, en defensa propia, hacen uso de la dotación oficial en contra del agresor, estarían los defensores de los derechos humanos encima de los agentes y seguidamente las dependencias oficiales atentas para adelantarles las investigaciones del caso, y eso estaría bien porque ellos deben someterse a la Constitución y a la ley; pero indigna ver ese comportamiento en contra de nuestras autoridades y entonces surge una inquietud que quiero dejarles: estarán los agentes del orden preparados en materia de defensa física para defenderse adecuadamente frente a este tipo de agresiones?, estarán físicamente aptos para responder adecuadamente en contra de individuos como el del video? Porque hubiera sido aleccionador ver al agente responderle también con los puños y vencer a ese troglodita, y allí no pudiera hablarse de abuso alguno. Por fortuna el agresor fue capturado.


